jueves, 15 de diciembre de 2011

La política soñada

Por: Víctor Bautista

Cuando leí la noticia sobre la integración de Miguel Ceara Hatton a un proyecto político le ofrecí mis felicitaciones por ese microblog llamado twitter, que nos ha hecho tan públicos, cercanos y verdaderos aldeanos globales.

Ceara es un economista prestigioso, talentoso y creíble. Fue una de mis fuentes permanentes de consulta y contraste cuando ejercía el periodismo económico y financiero como reportero o editor.

Menciono este caso (pero hay decenas, sin importar la acera en la que estén situados) para conducir hacia una reflexión que, de alguna forma, es también autocrítica.

Sentimos una pronunciada pasión por la crítica a las agrupaciones políticas, las colocamos a diario sobre una mesa expiatoria para destrozarlas, abrir sus entrañas y culparlas de la anomia (carencia o ruptura de normas sociales, degradación e ingobernabilidad) que nos arropa.

En realidad no somos injustos cuando de esa manera nos pronunciamos. El sistema político dominicano padece un atraso capital y está construido para el cortoplacismo, ofrecer soluciones clientelares e individualistas.

Todos, sin excepción, somos de alguna manera corresponsables de esta falencia por la negativa a participar en política de manera pública o hacerlo con media tinta desde la sombra, bajo la cautelosa y, a veces, perversa discreción que el trujillísmo plantó a través del pánico.

La gente buena ha dejado que el pillaje asalte a los partidos políticos. Se sienta en palcos de sombra para mirar de lejos cómo se desgreñan en guerras fratricidas o mira de reojo a los vándalos que convierten a las instituciones políticas en patrimonios personales.

Creo que si más gente honesta, capacitada, ética, con espíritu de servicio al país se integrara a los partidos, la calidad de la política se elevaría. Esto sería beneficioso para el país y más poderoso que una ley de partidos.

Twitter.com: @viktorbautista



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