miércoles, 14 de diciembre de 2011

Wikileaks cambió periodismo y obliga a gobiernos a redifinir sus secretos

Wikileaks

MADRID, España.- Las masivas filtraciones de secretos por parte de Wikileaks, la organización creada por Julian Assange, supusieron una revolución en las redacciones periodísticas y plantean cambios en cómo los gobiernos deben gestionar sus acciones y las relaciones internacionales.

Este es el mensaje de la investigación realizada por el periodista español Borja Bergareche, quien en su libro “Wikileaks confidencial” analiza lo que llama “la era Wikileaks”, “una especie de aceleración de la era digital”, como la describe en entrevista con Efe.

Como cuenta en su libro, presentado hoy en Madrid, “no era la primera vez que los periodistas debían manejar bases de datos, que veíamos infografías sobre conflictos o que un garganta profunda hacía llegar a un director de periódico un material confidencial”.

Lo interesante -afirma el periodista- es “cómo los periódicos gestionan el tesoro Wikileaks: por un lado había un reto tecnológico, ya que lo que Wikileaks consigue obtener es una gigantesca tabla de excel de 750.000 entradas, entre ellas 90.000 sobre la guerra de Afganistán y otras 350.000 entradas sobre la guerra en Irak”.

“Entradas con siglas, con muy poca gramática y sintaxis, que son los registros en las unidades militares, algo muy poco atractivo” a lo que se suman los cables diplomáticos.

Por ello, el primer reto en las redacciones es para los directores técnicos: “cómo construyo con este océano de datos un buscador para que mis periodistas especializados en esas zonas puedan buscar información y extraer reportajes periodísticos”.

Para ilustrar esta tarea, Bergareche entrevista a los responsables técnicos de los grandes diarios internacionales que difundieron los documentos de Wikileaks, entre ellos el español “El País” o el británico “The Guardian”.

A partir de ahí es donde se generan las dinámicas novedosas en las redacciones: los periodistas se dan cuenta de la importancia de tener cerca a buenos técnicos, pero estos aprenden que deben ser más sensibles a las necesidades del periodista. El tercer elemento es el infógrafo.

Bergareche no cree que las tres megafiltraciones de 2010 -los diarios de Afganistán, los de Irak y los cables diplomáticos del Departamento de Estado de EEUU- trajeran la filtración más grande de la historia, ni la de mayor importancia.

Ése es un mérito que sí atribuye a los papeles del Pentágono sobre las guerra de Vietnam revelados por “The New York Times” en 1971, y que el Departamento de Defensa de EEUU desclasificó en junio de este año.

De hecho, la reacción de EEUU a las filtraciones de Wilileaks “no fue nada histérica, ni fue el final de la diplomacia internacional, ni forzó la retirada de EEUU de Afganistán, como Assange pensaba que iba a ocurrir”, dijo.

“Claro que hubo una especie de enorme cotilleo global durante meses por los cables diplomáticos. Los cables nos ayudaron a ver mejor cómo se dirigen las relaciones internacionales, pero no hubo un cataclismo, y de hecho, las bajas causadas por Wikileaks son 4 o 5 dimisiones, entre ellos los embajadores estadounidenses en México y Ecuador”, agrega.

El libro señala que la organización de Assange sólo tuvo acceso al 2,3 por ciento de todos los cables que comunica el Departamento de Estado entre 2004 y 2010.

“Wikileaks levantó las faldas a la diplomacia del imperio, y todos disfrutamos mirando y escuchando, pero era una cantidad pequeña y por eso no hubo reacciones histéricas”, afirma el autor.

Bergareche considera que “el hallazgo histórico más importante que aporta Wikileaks está en los diarios de Irak, al sacar a la luz 15.000 víctimas civiles más del conflicto que no se tenían contabilizadas, con lo que se desenmascara una mentira y la cifra de víctimas civiles de ese conflicto se pone por encima de los 100.000?.

Pero la principal consecuencia para los gobierno es “la advertencia de que ya no pueden proteger sus secretos con paradigmas de la Guerra Fría. La diplomacia internacional requiere un cierto nivel de confidencialidad, pero hay que bajar el umbral de secreto”.

“EEUU es un monstruo de los secretos. En 2010, 4.000 funcionarios clasificaron 75 millones de documentos. Eso no es operativo”, señala el periodista, que recuerda que la principal amenaza de la era digital es la ciberamenaza.



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