jueves, 2 de febrero de 2012

PRD, ¿A pesar de él?

Quizás antes del 20 de mayo Miguel Vargas haga la paz consigo mismo, con Hipólito Mejía y con su partido, pero hasta ahora, mantiene el distanciamiento de la campaña y el suspenso político.

En el devenir histórico del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), el alejamiento de Miguel Vargas no ha sido un factor determinante en la trayectoria de las preferencias electorales en los últimos meses, pero tampoco es un factor a desdeñar. Veamos.

Comparado con el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) que colapsó, el PRD ha demostrado ser una maquinaria partidaria-electoral resistente y persistente.

A pesar de la debacle del gobierno perredeísta en el 2003-2004, a pesar de que el candidato Hipólito Mejía era el Presidente de la República en aquel momento, a pesar del disgusto de Miguel Vargas, y a pesar de que no hay renovación partidaria, el PRD ha captado en los últimos meses un significativo apoyo electoral que se expresa en la intención de votos.

Dos factores son claves para entender esta paradoja de ascenso electoral no obstante los grandes problemas partidarios.

Primero, el reinado de Miguel Vargas en el PRD fue siempre fofo. Los perredeístas constituyen una masa de tradición movimientista que requiere un liderazgo carismático para su articulación política. Ni Antonio Guzmán ni Salvador Jorge Blanco fueron figuras carismáticas, pero tenían a José Francisco Peña Gómez de sustento.

Cuando Miguel Vargas asumió la dirección del PRD, antes y después de ser proclamado presidente del partido, las huestes perredeístas estaban descabezadas y desenergizadas por la derrota de 2004. La historia los mantenía unidos, pero no el futuro.

Por eso, una vez Vargas firmó el acuerdo constitucional con Leonel Fernández que rehabilitó la candidatura presidencial de Hipólito Mejía, su liderazgo se desvaneció. Ni él ni sus asesores entendieron de dónde provino su poder en el PRD, ni porqué se deshizo tan rápidamente. No fue solo culpa del gobierno como argumentaron al perder las primarias.

Por razones harto conocidas, Hipólito Mejía no es el candidato ideal para llevar el PRD a una victoria electoral, pero es lo más cercano que los perredeistas tenían en las primarias de 2011 para gestar entusiasmo político. Mejía ofrece abundancia de energía personal y carisma vernácula.

Segundo, el PRD se ha beneficiado del cansancio que registra la población con el gobierno del PLD. No está bien estructurado ni ofrece grandes esperanzas, pero es la única opción en la oposición para el 2012. El PRSC colapsó y los partidos minoritarios que participan independientes no han logrado unirse en torno a una candidatura viable.

Sin duda, el distanciamiento de Miguel Vargas de la campaña y las diferencias de opinión que registra la prensa entre Mejía y Vargas, hacen ruido negativo para el PRD y limitan el avance de la candidatura perredeísta.

La razón no es que Vargas sea esencial en la campaña. Su esencialidad, como señalé, derivó de la orfandad del PRD post-2004. Por eso fue fácil para Mejía ganar la nominación, y por eso la mayoría de los dirigentes que apoyaron a Vargas están insertos en la campaña de Mejía.

La integración de Miguel Vargas es importante porque el PRD necesita urgentemente un evento que le ayude a reposicionarse en la campaña electoral. Una vez el PLD se unificó, “llegó papa” no es suficiente munición para echar la pelea.

La integración de Vargas a la campaña tendría un efecto mediático importante, y por tanto, serviría de reanimación electoral.

Si la relación Mejía-Vargas no se restablece, el PRD quedará a expensas de que al gobierno le vaya mal para así beneficiarse del deterioro general y pescar en río revuelto.



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