sábado, 4 de febrero de 2012

En el reino de la impunidad

Miguel Guerrero.

El verdadero problema de este país hoy en día no consiste únicamente es el auge de la criminalidad, que hace muy peligrosas las calles de nuestras ciudades. Lo que realmente nos empantana es la impunidad. Ella es la que genera la violencia que hemos estado padeciendo como nunca antes y la que crea esa enorme y desesperante sensación de frustración que se apodera de esta sociedad, con su terrible secuela de desmoralización y desengaño.

Buena parte de los atracos y otros actos delincuenciales que se producen diariamente en el país no son más que la reacción de quienes ven que cierto nivel de preeminencia social trae consigo el derecho a defraudar al Estado y a lucrarse de los ingenuos que en ellos depositan su confianza y sus ahorros. El incremento de la criminalidad podría ser también consecuencia lógica de la percepción, en el más bajo nivel de pobreza, de que no hay sanción para el delito. Y no dejan de tener razón, a juzgar por lo que uno observa y padece  cada día. La sociedad dominicana vive atrapada en un conflicto. ¿Cómo enfrentar la delincuencia barrial si  la impunidad protege la que proviene de más arriba, mucho más sutil pero de hecho más dañina?

Los que roban una gallina o un mendrugo de pan son vulgares delincuentes. Los que se lucran engañando al fisco y robándoles sus ahorros a pobres familias indefensas, son honorables ciudadanos merecedores de todos los honores que uno pueda imaginarse. Es la razón por la que más ciudadanos atemorizados y frustrados claman por la llegada de un hombre fuerte. Si en una situación de extrema desesperación moral, nos llegara ese Mesías mucha gente estaría dispuesto a abrazarle, con tal de que significara un solo minuto de decencia pública. Luchemos contra la violencia para evitar la llegada de ese redentor, pero hagámoslo también contra la impunidad que está erosionando nuestro futuro a pasos acelerados.



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