viernes, 20 de enero de 2012

Los tiempos del fin, según las profecías bíblicas

Por Miguel A. Matos

Cuando se habla que en el país se va a producir un terremoto, con varias réplicas, en los próximos días, según han predicho varias personas que  afirman haber recibido revelación divina, todo el mundo debe poner atención a esas advertencias.

Antes esos augurios, no debemos amedrentarnos, sino tratar de prepararnos espiritualmente, buscando la protección divina. Sin embargo, algunos aceptan las profecías como verdaderas y otros no.

Los males que están ocurriendo en este país, en el orden moral, económico, político y social,  no hay dudas, que solo la intervención de Dios es lo único que puede ponerle freno.

Los habitantes de esta nación necesitan un cambio, pero no político como la mayoría cree, sino espiritual, que es el que  se produce de adentro hacia fuera, y es el que se logra cuando reconocemos y confesamos a Dios nuestros pecados, nos arrepentimos y recibimos a Jesucristo con nuestro Señor y Salvador, originándose un nuevo nacimiento.

Ese cambio da lugar a una nueva criatura que obedece a Dios, y le sirve con el más profundo amor y agradecimiento.

Jesús le dijo a un religioso y príncipe de los judíos, llamado Nicodemo,  que fue a consultarlo de noche, que “era necesario nacer de nuevo”, a fin de que en su vida se produjera un cambio radical. “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”, (Juan 3:3).

Y ese cambio debe producirse en el corazón de cada uno nosotros, porque de lo contrario, no dudo, que los juicios divinos se desaten en contra de este país y sus habitantes, como ha ocurrido en otros.

En una ocasión, “vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón”, (Génesis 6:5-6).

Eso es lo que precisamente está ocurriendo con muchas personas en este  y otros países, de distintos estratos sociales, incluyendo religiosos, que viven de espalda a Dios, queriéndose enriquecerse a como de lugar, dejando de lado la honestidad, las buenas costumbres y el respeto a las leyes divinas y humanas.

El profeta Isaías advierte, diciendo: “Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra; porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera perecerán sus moradores; pero mi salvación será para siempre”, (Isaías 51:6).

El mismo vidente explica que “será quebrantada toda la tierra, enteramente desmenuzada será la tierra, en gran manera será la tierra conmovida. Temblará la tierra como un ebrio, y será removida como una choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá y nunca más se levantará” (Isaías 24:19-20).

Jesucristo dijo que “se levantará nación contra nación, y reino contra reino: y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias;   y habrá terror y grandes señales en el cielo”, (Lucas 21:11).

Para anunciar lo que ocurrirá en el país y en otras partes del mundo, Dios habla a través de su Hijo Jesucristo, quien revela a los creyentes lo que va a acontecer en el futuro.

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”, (Hebreos 1:1-2). Creyentes llenos del Espíritu Santo, son hoy voceros divinos.

No hay dudas de que Dios ama a la República Dominicana, y por eso le hace la advertencia para que sus habitantes abran sus ojos espirituales y escapen del juicio que, de acuerdo a las profecías, seguramente vendrá.



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