sábado, 7 de enero de 2012

El laúd constelado

En el caso de Gérard de Nerval, (1808-1885), por lo que leo en una reseña anónima “se cumple bien la frase de cierto escritor inglés: ‘El infierno también es un camino.”’

Lo fue para Nerval desde que quedó huérfano desde la infancia y desde que comenzó a peregrinar por el mundo en busca de sí mismo o simplemente huyendo de sí mismo, cuando se unió al “club de los hachisianos” en la bohemia parisina, y cuando en la etapa final de su vida, que fue la más fecunda, sufrió de un trastorno bipolar y fue internado en hospitales psiquiátricos donde su condición no hizo más que empeorar, como era previsible. La depresión era incurable entonces, como sigue siéndolo un poco hoy y terminó “ahorcándose de un farol en París”.

De su gran poesía me seduce “El desdichado”, uno de los doces sonetos de “Las quimeras”. Es una obra entre romántica y surrealista, que a ratos me deslumbra y a ratos me confunde porque es un texto críptico, con significados ambiguos.

Acudo al blog de Juan Carlos Sánchez Sottosanto para aclarar el sentido:
“Tituló así en español en el original, pero no con la significación que nosotros le damos. Nerval toma ‘desdichado’ de la novela de Sir Walter Scott, ‘Ivanhoe’ (1819). En esta evocación ‘medieval’, un caballero misterioso, compañero de Ricardo Corazón de León, desposeído de su castillo y bienes por Juan Sin Tierra, se presenta con el título de ‘Desdichado’ en su armadura, pero que Scott traduce como ‘desheredado’: ‘with the Spanish word Desdichado, signifying Disinherited’ (con la palabra española Desdichado traducida como Desheredado).

Así lo entiende, evidentemente, Nerval, en vista de otros ‘desposeídos’ que pronto veremos en el poema. Los comentaristas que ven en este soneto una suerte de autobiografía críptica se complacen en creer que la herencia perdida por el autor es la de los Labrunie –ese era su apellido verdadero de Nerval -cuando la Revolución expropió los bienes a los partidarios del Ancien Régime, como al luego siempre quejoso Chateaubriand. Haríamos de este gran poema, entonces, un muy conservador manifiesto antijacobino. Felizmente, podemos prescindir de esas mezquindades.”

El desdichado

Yo soy el Tenebroso – el Viudo – Inconsolado, / El príncipe Aquitano de la Torre abolida: / Mi sola Estrella ha muerto – y mi laúd constelado / Ostenta el negro Sol de la Melancolía. / En la noche del Túmulo, tú que me has consolado, / El Posillipo vuélveme, y los mares de Italia, / La flor que a mi pecho placía, desolado, / Y la vid donde el Pámpano a la rosa se alía. / ¿Soy Amor o Febo? … ¿Lusignan o Birón? / Mi frente aún esta roja del beso de la Reina; / He soñado en la gruta en que nada la Sirena… / Y atravesé dos veces, invicto, el Aqueronte: / En la lira de Orfeo aunando, modulados, / Suspiros de la santa con los gritos del Hada.

He aquí otra versión, de Aníbal Núñez, que presenta algunas variantes y me parece mejor:

Yo soy el Tenebroso, -el viudo-, el Sin Consuelo, / Príncipe de Aquitania de la Torre abolida: / Mi única estrella ha muerto, y mi laúd constelado / lleva en sí el negro sol de la Melancolía. / En la Tumba nocturna, Tú que me has consolado, / devuélveme el Pausílipo y el mar de Italia, aquella / flor que tanto gustaba a mi alma desolada, / y la parra do el Pámpano a la Rosa se alía. / ¿Soy Amor o soy Febo?.. Soy Lusignan o ¿Biron? / Mi frente aún / enrojece del beso de la Reina; /he soñado en la Gruta do nada la Sirena... / He, doble vencedor, traspuesto el Aqueronte: / Modulando unas veces en la lira de Orfeo / suspiros de la Santa y, otras, gritos del Hada.

El desdichado (versión original)

Je suis le Ténébreux, - le Veuf - l’Inconsolé, / Le prince d’Aquitaine à la tour abolie: / Ma seule étoile est morte, - et mon luth constellé / Porte le Soleil noir de la Mélancolie. / Dans la nuit du tombeau, toi qui m’as consolé, / Rends-moi le Pausilippe et la mer d’Italie, / La fleur qui plaisait tant à mon coeur désolé, / Et la treille où le pampre à la rose s’allie. / Suis-je Amour ou Phébus?... Lusignan ou Biron? / Mon front est rouge encor du baiser de la Reine; / J’ai rêvé dans la grotte où nage la Sirène... / Et j’ai deux fois vainqueur traversé l’Achéron: / Modulant tour à tour sur la lyre d’Orphée / Les soupirs de la sainte et les cris de là Fée.

Grandes figuras de la literatura como Antonin Artaud y Marcel Prost escribieron páginas brillantes sobre el “Desdichado” Nerval de “Las quimeras” que tanta influencia ha tenido sobre las letras del mundo. La síntesis más apretada y juiciosa que conozco es la joyita anónima de Maldoror Ediciones que presento a continuación:

Gérard de Nerval (1808—1855)

Gérard de Nerval (París, 1808-1855), seudónimo de Gérard Labrunie, es tal vez el único poeta en el mundo que haya conseguido una admiración tan unánime con un logro tan breve: doce sonetos que conforman Las quimeras. Tras una traducción del primer Fausto de Goethe, que le llevó a la celebridad, el joven Nerval se convirtió en uno de los autores que más contribuyeron a la formación del espíritu romántico francés y a la difusión de la corriente romántica alemana en su país. Amigo de Dumas y Gautier, con quienes compartió una existencia intensa y desordenada que añoraría toda la vida, Nerval es el prototipo del “escritor maldito”: bohemio, pobre, loco y finalmente suicida. Durante su juventud mantuvo una apasionada amistad con Jenny Colon que le marcó profundamente. Su ruptura coincidió con una intensa etapa de viajes por Francia, Bélgica, Holanda, Inglaterra y Alemania, alternados con el oficio de periodista y las fuertes crisis de locura que le atormentarían hasta la muerte.

Tras una crisis preliminar, en 1841, y la muerte de Jenny Colon, en 1842, Gérard de Nerval emprendió su conocido viaje al Cercano Oriente (El Cairo, Beirut y Constantinopla). Es entonces cuando comienza una verdadera carrera contra el tiempo en la que escribe o completa la totalidad de sus grandes obras: en 1851 reúne los artículos del Viaje a Oriente; en 1852, publica Los iluminados; en 1853 Los pequeños castillos de Bohemia; en 1854, Las hijas del fuego y el libro de sonetos Las quimeras, y a comienzos de 1855 aparece Aurèlie. Después de varios accesos de locura entre 1842-1854, el 25 de enero de 1855, Nerval se ahorca en un sórdido callejón de París. Pese a que en vida del autor Sylvie fuera considerada una “pequeña obra maestra”, su reconocimiento ha sido paulatino, gracias al “rescate” de Las quimeras por los simbolistas, a la valoración de Proust que consideró a Nerval como precursor, al menos en parte, y a los surrealistas que elevaron al autor al rango de pionero y gran visionario. Hoy en día, El desdichado, es quizá el soneto más famoso de la lengua francesa y Aurèlie –primera mirada moderna sobre la locura–, un gran clásico de nuestro tiempo.

Nerval encarna a un tipo de poeta que vive hasta las últimas consecuencias su sueño poético, en constante conflicto con una realidad hostil, creador de una obra original y única.

Aurèlie es una obra singular en la historia de la literatura: en ella razón y locura, sueño y lucidez, anhelo y recuerdo se funden en la unidad de un relato de turbadora belleza, que revela los abismos y los paraísos en los que habitaba, alucinado, el genio de su autor.

“Si un escritor, en las antípodas de las claras y fáciles acuarelas, ha tratado de definirse laboriosamente ante sí mismo, de esclarecer unos matices turbios, unas leyes profundas, unas impresiones casi inasibles del alma humana, es Gérard de Nerval.” (Marcel Proust). 

NOTA: Melencolía I (la ilustración que aparece en esta entrega) es uno de los tres grabados del famoso pintor del Renacimiento alemán Alberto Durero, que junto con El Caballero, La Muerte y El Diablo y San Jerónimo en su gabinete, compone las Estampas Maestras. Es considerada la obra más misteriosa de Durero y se caracteriza, como muchas de sus obras, por su iconografía compleja y su simbolismo. Es una composición alegórica que ha suscitado diversas interpretaciones.

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