martes, 13 de diciembre de 2011

“Los Hijos se van”

Un cordial saludo para todos mis queridos lectores.

Los seres humanos vivimos en una continua evolución. Los cambios son inevitables y además de eso son saludables. El día se convierte en noche, los niños en mujeres y hombres. La gente y sus circunstancias vienen y van, claro que a nosotros nos cuesta mucho aceptar los cambios sobre todo los que nos atañen de cerca.

Uno de los cambios que más nos cuesta aceptar es el de nuestras hijas e hijos, siempre los vemos como los bebitos o niños del hogar, no importa la edad que tengan, y aun cuando ya son casados y tenemos nietos producto de ese matrimonio, para nosotros siguen siendo nuestros niños. Que trabajo nos cuesta a nosotros sobre todo a los padres aceptar que una hija nuestra se nos case, y a las madres que un hijo se le case, es porque sabemos que se nos van, por eso he titulado así este escrito.

Hace unos días llego a mis manos algo que quiero compartir con Ustedes porque viene muy bien con esto que estoy escribiendo y dice así: “A los hijos, hay que aceptarlos con esa condición, hay que criarlos con esa idea, hay que asumir la realidad. No es que se van…es que la vida se los lleva. Tenemos que reconocer que ya no somos su centro. Ya no somos sus propietarios, somos unos simples consejeros. No dirigimos, aceptamos, No mandamos, acompañamos, No proyectamos, respetamos. Ya ellos necesitan otro amor, otro nido, y otras perspectivas. Ya les crecieron alas y quieren salir volando. Ya les crecieron las raíces y maduraron por dentro. Ya buscarán su amor, que los respete, que quiera compartir con ellos sin temores ni angustias las altas y las bajas en el camino de la vida, alguien que les endulce el recorrido y los ayude en el fin que quieren conseguir. Y si la primera experiencia fue equivocada, tendrán la sabiduría, las fuerzas y la confianza en Dios para soltarlas, y así, otro amor les llegará para compartir sus vidas en armonía. Ya no les caben las raíces en nuestras macetas, ni les basta nuestro abono para nutrirse, ni nuestra agua para saciarse, ni nuestra protección para vivir. Ellos quieren crecer en otra dimensión, desarrollar su personalidad, enfrentar el viento de la vida, a la sombra del amor y al rendimiento de sus facultades, aunque a veces esto conlleva muchísimos tropezones y caídas, pero así aprenderán. Tienen un camino y quieren explorarlo, lo importante es que sepan desandarlo con valentía, tienen alas y las quieren abrir. Lo importante es el corazón sensible, la libertad asumida y la pasión a flor de piel. Que tomen la rienda de la vida con responsabilidad, y la formación que les dimos, llena de luz, y que siempre amen a Dios sobre todas las cosas del mundo. Recordemos que nosotros quedamos adentro. En el cimiento de su edificio, en la raíz de su árbol, en la corteza de su estructura, en lo profundo de su corazón. Nosotros quedamos atrás, en la estela luminosa que deja el barco al partir. En el beso que le mandamos. En el pañuelo que los despide. En la oración que los sigue. En las lágrimas que los acompañan. Nosotros quedamos siempre en el interior de ellos, aunque cambiemos de lugar. Hagamos sus vidas tan felices, que cuando partan, sólo piensen en regresar, aunque sea para tomar nuestras manos y estar junto a nosotros. Disfrutemos de nuestros hijos mientras los tengamos cerca”.

Mis amigos nosotros los padres tenemos que quedar como unos libros de consulta, siempre dispuestos a estar abiertos para ellos, que sepan que cuando necesiten de nosotros, que cuando necesiten un consejo, ahí estamos. Siempre he dicho que nosotros los padres debemos de criar a nuestro hijos para el mundo que les va a tocar vivir, no para nosotros, los padres que críen a sus hijos para ellos han fracasado en la vida y han hecho fracasar a sus hijos, pues nosotros somos pasajeros en este mundo, y a ellos les va a tocar continuar después de nuestra partida.

Ellos tienen que aprender, pasando sus propias experiencias, muchas de ellas muy dolorosas para ellos, y más aun para nosotros, pero como dice este escrito, tienen alas y deben aprender a volar, y a valerse por ellos mismos en la vida, porque un día ellos se van.

Termino con este pedazo de la Carta de San Pablo a los Efesios, Capitulo 6, Versículo 4, que dice así: “Y a ustedes padres, no hagan enojar a sus hijos, sino más bien edúquenlos con la disciplina y la enseñanza del Señor.

Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.



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