sábado, 7 de enero de 2012

Homenaje al ingeniero Milton Ginebra

Discurso en el acto de los 20 años de la Cámara Dominicana de la Construcción, 14 de junio de 1994.

La Cámara Dominicana de la Construcción en su reunión de fecha 24 de febrero del 1994, resolvió por unanimidad otorgarle un reconocimiento especial a nuestro galardonado de esta noche, por una actividad acrisolada, limpia, digna y estable, durante más de 40 años en los quehaceres de la construcción.

Aunque ha desarrollado ampliamente el ejercicio empresarial dentro del sector privado, no es ahí donde ha descollado más ampliamente, sino en el sector público, es en la Secretaría de Estado de Obras Públicas y Comunicaciones, donde ha sentado reales, donde ha impreso una hombría de bien inigualable y donde ha forjado lo que he llamado un “valladar de moral” a toda prueba.

Ha tenido la dicha infinita de que en sus actividades oficiales ha formado pareja con otros dos temperamentos templados de esos que surgen muy pocas veces en cada generación de profesionales, ellos son: Frank Garrido y Buenaventura García, cada uno en una etapa diferente en la vida de nuestro homenajeado de esta noche.

Nuestro personaje ha recorrido y enfrentado el camino lleno de abrojos, de incongruencias y de inversión de valores que generalmente nos traza la vida, con su identidad a cuestas.

Una identidad propia y definida donde se mezclan con esplendor, la moral, la sencillez, la hidalguía, la responsabilidad, la honestidad, el hábito al trabajo ennoblecedor con la función de esposo, de padre, de hermano, de hijo, de hijo amantísimo, de abuelo, de amigo, de político agradecido, sincero y leal, en fin de todo lo noble y duradero que la vida puede concentrar en una persona.

No puedo dejar de mencionar con respeto y consideración a su digna esposa, compañera de toda su vida, en las alegrías y en las penas, con una solidaridad ejemplar: Doña Nereydita Morales de Ginebra, para quien pido un aplauso sentido y cariñoso.

Cuando con orgullo y placer informé al Ing. Arq. Milton Ginebra Vivone que la Cámara Dominicana de la Construcción le había escogido para este homenaje, lo primero que recibí de él fue un “Yo te aviso”.

En la segunda reunión me dijo: “con la condición que no tenga que hablar”. Le dije que esta segunda parte quedaba a opción de él, y así será.

Sus datos biográficos figuran en un pequeño folleto que se ha repartido a los asistentes este acto tan nuestro, por eso no voy a hacer mención de ellos.
Solamente quiero destacar su gran vocación de organizador y conductor de personas y de técnicos, por eso los departamentos bajo su dirección son ejemplos de rendimiento, eficiencia, dedicación y moral.

Indudablemente un gran logro dentro de la carrera administrativa, ejemplo noble para nuestro país.

Voy a referirme a dos testimonios expresados a mí, sobre ese hombre digno y honorable, merecedor de todo lo mejor.

Uno del ingeniero y amigo Teddy Hernández, Milton es mi personaje inolvidable “La emoción más grande e imborrable para mí, cuando yo era niño, era ver a Milton cuando regresaba a La Romana en las vacaciones de la universidad y montaba un caballo como nadie, luego lo que ha sido en su vida profesional es para mí como el gran guía, el gran ejemplo a seguir.

Otro del gran estructuralista, Ing. Marino A. Fernández, cuando dijo un día: “A pesar de su temperamento aparentemente tan franco y fuerte aquí en Obras Pública, cada día todo el mundo lo va queriendo más”.

Incluyo aquí una apreciación muy mía para definir la actuación de Milton en la industria de la construcción: “La construcción hay que primero sentirla, luego quererla y por último ejercerla”.

Termino dedicando a Milton la extracción de unos versos del poema “El vino” de Alberto Cortez.

“Pero qué bueno es el vino
el que se toma en la casa,
del que está limpio por dentro
y tiene radiante el alma,
que nunca le tiembla el pulso
cuando pulsa una guitarra,
que cuando tiene un pecado
siempre se nota en su cara,
que bebe el vino por vino
y bebe el agua por agua”.

¡Felicidades Milton! 

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